martes, 3 de septiembre de 2013

Un día más...

En ocasiones quisiera simplemente dejar de ser yo, acoplarme a la vida mundana de la gente, ser como uno más de los demás, sentir, pensar y hablar en una forma plana y no circular, dejarme llevar por las vanalidades, por las comodidades, por lo infinito de la estupidez humana, seguir el ciclo de la vida, sin expectativas, sin sufrimientos, sin pensamientos, dejar de pensar en tantas cosas,
en tanta mierda, sentirme uno más.
Estar conforme, seguir el rebaño, nacer, crecer, morir...
Mi cabeza da vueltas a la velocidad de la luz, a la velocidad de un viento huracanado en una playa solitaria, llevándose todo por donde pasa, llegan las nauseas, el mal sentir, el no existir, el descabellado sentimiento de no querer estar aqui, de no saber, de no querer, se acumula en sentimiento en medio de mi garganta y el vómito se acerca como un grito de libertad, me lleno de mierda y de dolor, me siento cada vez más lejos de todo, como si esta vida tan solo hubiera sido una larga despedida, un camino que me lleva a la empinada cuesta de la muerte, tan digna, tan hermosa, tan perfecta, tan lejana.
Las manos me tiemblan, los ojos me arden, mi cuerpo ya no responde a estímulo alguno, las palabras me pesan, todo da vueltas, quiero morir, quiero morir, quiero morir, quiero... ¡MORIR! probar ese nectar de nada, sentir ese arrullo de sin sentires, de sin sabores, de sin pensares, de sin llanto... siento el cosquilleo de la furia, el veneno de la vida, por que ella es tan solo eso para mi, un veneno lento, lastimero, profundo, molesto y eterno, por que la vida es eterna, la muerte es sublime. No puede ser eterna la nada, cuando hay algo, eterno puede ser hasta un segundo.
Demonios danzan en mi cabeza, en mis pechos desnudos hambrientos de sexo, de placer, de sentir algo más. Siento que el cosquilleo baja por mi vientre en intenta llamar mis dedos, mis piernas se abren queriendo bailar, sentir, llenarse de carne para finalmente explotar
dentro de mi, pero abro los ojos y todo sigue igual, sigo en la cama queriendo llorar, gritar... nuevamente morir.
Abro los ojos y todo sigue siento un sueño, una pesadilla, una irrealidad, sigo esperando, sigo muriendo, ardiendo sin llama, siendo tan solo el desperdicio de un día cualquiera más...

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