martes, 29 de marzo de 2016

Soplo el diente de león para ver hasta dónde llegan sus semillas.
Las veo perderse en la lluvia aplastadas por las pesadas gotas.
Me vuelvo a encontrar caminando en el mismo jardín eterno con el que sueño todas las noches, espinas y más espinas, sangre y más sangre, lluvia y más rayos y centellas que iluminan el horizonte en un atisbo de esperanza.
Como en la carretera hirviendo que quema tus pies descalsos, puedes ver el agua cerca, puedes sentir como refresca tus pies, pero entre más corres, más se aleja.
Despiertas sudando y te das cuenta de que no era un sueño, el sueño es cuando crees, cuando esperas, cuando respiras las olas y lloras de felicidad. Sueñas cuando miras la furia golpear contra las rocas y salpicar la sal en tu lengua. Ya no hay lengua, te cansaste de mentir, te cansaste de decir la verdad, te cansaste de abrir los ojos azules cada día para cerrarlos negro oscuro, negro profundo.
Apaga ya todo, apaga el bombo continuo del pecho y mañana vuelve a nacer.
Vuelves naces.
Vuelves mueres.

Naoko Marcapasos
12-03-2016