martes, 29 de marzo de 2016

Soplo el diente de león para ver hasta dónde llegan sus semillas.
Las veo perderse en la lluvia aplastadas por las pesadas gotas.
Me vuelvo a encontrar caminando en el mismo jardín eterno con el que sueño todas las noches, espinas y más espinas, sangre y más sangre, lluvia y más rayos y centellas que iluminan el horizonte en un atisbo de esperanza.
Como en la carretera hirviendo que quema tus pies descalsos, puedes ver el agua cerca, puedes sentir como refresca tus pies, pero entre más corres, más se aleja.
Despiertas sudando y te das cuenta de que no era un sueño, el sueño es cuando crees, cuando esperas, cuando respiras las olas y lloras de felicidad. Sueñas cuando miras la furia golpear contra las rocas y salpicar la sal en tu lengua. Ya no hay lengua, te cansaste de mentir, te cansaste de decir la verdad, te cansaste de abrir los ojos azules cada día para cerrarlos negro oscuro, negro profundo.
Apaga ya todo, apaga el bombo continuo del pecho y mañana vuelve a nacer.
Vuelves naces.
Vuelves mueres.

Naoko Marcapasos
12-03-2016

lunes, 8 de febrero de 2016

No pensar...

Cerrar los ojos y viajar hasta ese lugar, sentir la brisa y dejarme llevar.
No pensar...
No pensar...
No pensar...
Funciona para mí. 
Escuchar el mar.
Inténtalo.
No pensar...
Respirar.
Todo pasa, todo se va.
No pensar.
Estoy sentada a la orilla del abismo y me puedo sentir caer. Puedo sentir la paz, puedo oler la sal y la sangre en mi boca antes del fin.
El comienzo.
El tiempo.
Pierdo la fe.
La rabia y la frustración llenan mi pecho con furia y solo puedo golpear mi cabeza contra la pared una y otra vez.
No sé qué es.
Respirar.
No pensar...
No pensar...
Corro, pero como en los sueños, tomo impulso y vuelo, puedo sentir cómo me elevo, puedo dejar todo atrás. Soy dueña de mí.
No pensar.
Cierro los ojos.
Me pierdo.
Ya no soy.
Ya no estoy.
Se fue el dolor.
Despierto y vuelvo a caer...
No pensar...
No quiero pensar.
Llévame de nuevo a ese lugar.
Llorar.
Respirar.
No pensar.

Orificio

El pecho se me hinchó de un dolor que venía no sé de donde, o venía no quería saber de donde. Pasa que en la técnica del no pensar, en algún momento el odio encuentra un pequeño orificio por el cual colarse para llegar hasta tus ojos, como un pequeño y molesto mugresito.
Por qué odio? Es odio? Es miedo?
Tal vez sea miedo.
Tengo miedo, miedo de pensar y saber que es odio, miedo de pensar y saber que es miedo, miedo de dejar de ser dueña de lo que tengo entre un pezón y el otro.
Me encontré cayendo en picado y no sabía qué hacer, no estaba preparada, no me gusta no estar preparada aunque nunca lo estoy. Sólo espero a que todo pase.
Me encontré golpeando cada piedra en el camino, mi cabeza, mis brazos, mis hombros, mis piernas, mis manos; se fueron raspando y con cada golpe un grito de dolor me hacía feliz porque entre peor me sintiera, todo iba a pasar más rápido.
Juega conmigo, juega dentro, juega fuera, juega sobre mis pechos mientras me enciendo y juego también.
No veo el suelo, la caída es inteminable, es la pesadilla de la que no me puedo despertar, siento los latigazos de cada insulto recibido, de cada estupidez cometida.
Cierro los ojos y me convenzo de que mi imaginación es mi enemiga y el miedo es el último muro que debo cruzar.
Aún siento los golpes de la última vez que viniste, cómo pretendes que no me cubra el rostro cuando te acercas.
Debo seguir, el camino es largo, no me distraigas.
Debo seguir, el camino es largo, tengo los pies en carne viva pero debo seguir, tengo los pies en carne viva pero si me detengo ahora, muero, muero, quiero morir, no quiero morir. No. Ya no.
Me gusta como se siente mi mano en la tuya.
No estoy bien. No estoy bien. Lo estaré. Lo estaré.
Tal vez si lo repito suficientes veces, se haga realidad.
¿Vienes conmigo?

Naoko Marcapasos
03-02-2016