El pecho se me hinchó de un dolor que venía no sé de donde, o venía no quería saber de donde. Pasa que en la técnica del no pensar, en algún momento el odio encuentra un pequeño orificio por el cual colarse para llegar hasta tus ojos, como un pequeño y molesto mugresito.
Por qué odio? Es odio? Es miedo?
Tal vez sea miedo.
Tengo miedo, miedo de pensar y saber que es odio, miedo de pensar y saber que es miedo, miedo de dejar de ser dueña de lo que tengo entre un pezón y el otro.
Me encontré cayendo en picado y no sabía qué hacer, no estaba preparada, no me gusta no estar preparada aunque nunca lo estoy. Sólo espero a que todo pase.
Me encontré golpeando cada piedra en el camino, mi cabeza, mis brazos, mis hombros, mis piernas, mis manos; se fueron raspando y con cada golpe un grito de dolor me hacía feliz porque entre peor me sintiera, todo iba a pasar más rápido.
Juega conmigo, juega dentro, juega fuera, juega sobre mis pechos mientras me enciendo y juego también.
No veo el suelo, la caída es inteminable, es la pesadilla de la que no me puedo despertar, siento los latigazos de cada insulto recibido, de cada estupidez cometida.
Cierro los ojos y me convenzo de que mi imaginación es mi enemiga y el miedo es el último muro que debo cruzar.
Aún siento los golpes de la última vez que viniste, cómo pretendes que no me cubra el rostro cuando te acercas.
Debo seguir, el camino es largo, no me distraigas.
Debo seguir, el camino es largo, tengo los pies en carne viva pero debo seguir, tengo los pies en carne viva pero si me detengo ahora, muero, muero, quiero morir, no quiero morir. No. Ya no.
Me gusta como se siente mi mano en la tuya.
No estoy bien. No estoy bien. Lo estaré. Lo estaré.
Tal vez si lo repito suficientes veces, se haga realidad.
¿Vienes conmigo?
Naoko Marcapasos
03-02-2016
No hay comentarios :
Publicar un comentario